Nosotras y nuestras desaparecidas

Comunicado de la Asociación de Familiares de Migrantes Desaparecidos de Guatemala (AFAMIDEG) en el marco del Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango, dedicado a las mujeres que buscan, a las mujeres desaparecidas y a la poeta Ana María Rodas

Este planeta es un solo hogar, este planeta es una casa con cuartos que la entropía ordenó a diestra y siniestra, regiones que se construyeron por grandes movimientos, países que nacieron por pequeñas ideas que fecundaron en personas. Algún aleteo de mariposa nos puso aquí y ahora, en esta habitación. Si tratamos de buscar dónde comenzó todo esto, de descubrir qué es eso que nos hace común a quienes vivimos en América y, específicamente, a América latina, nos podemos ver el ombligo y descubrir que en la habitación no sólo hay grandes paisajes coloridos, idiomas hermosos, personas sensibles. 

Podemos rascarnos un poco y descubrir que, por ejemplo, también tenemos dolores comunes, necesidades compartidas: En América latina, se encuentran 7 de los 10 países con más personas desaparecidas, en América Latina están 14 de los 25 países con más feminicidios, América latina es la región donde se asesinan a más defensoras  y defensores de derechos humanos, a más personas que defienden su territorio. En este pedacito de tierra, bajo el cielo de la eterna primavera, las cosas son particularmente terribles: 4 mujeres desaparecen diariamente, el Ministerio Público reporta hasta el 3 de mayo del 2019: 1,171 alertas Isabel Claudina en todo el país, 40% de ellas continúan desaparecidas. El 60% restantes, fueron localizadas, de entre ellas, 14 mujeres fueron encontradas sin vida. Pinceladas del horror que se instaura en nuestro país. 

“No hay sino el amor para lavar tanto odio”, escribe Nicole Cage, poeta invitada a este festival. No hay sino el amor para seguir resistiendo, agregamos nosotras, quienes cargamos con nuestros pesares en los que nos reconocemos. “Sororidad, compañera, sororidad”, nos decimos. Y aquí la ejercitamos día a día, aquí, las mujeres guatemaltecas, hondureñas, salvadoreñas seguimos organizándonos para buscar a quienes nos hacen falta, a nuestras hijas, hijos, hermanas, hermanos migrantes a quienes Guatemala olvidó y no busca, aquí estamos para ser voz de las y los 45,000 desaparecidos que nos deben del Conflicto armado interno, aquí estamos las mujeres buscadoras de nuestros hijas e hijos, las buscadoras de paz. Aquí, estamos quienes no dejamos de recordar y recordarles que hay mujeres desaparecidas. Como dice, nuestra homenajeada, Ana María Rodas: “Aquí no se cancelan los afectos ni los llantos”. 

Quizá por eso no es casual que seamos las mujeres quienes por lo general vamos al frente de la búsqueda de las y los desaparecidos. Cuando tomamos las fotos de nuestras hijas, de nuestros hijos, y salimos a buscarlas aquí y allá, lo hacemos con el cuerpo estremecido, con el cuerpo desbordado de sentimientos, con el llanto como forma de resistir el desgaste, la inacción de las autoridades, la deshumanización de quienes nos dicen que hay vidas que merecen ser buscadas y otras no.

Habitamos este planeta con nuestro dolor y lo caminamos mientras sembramos memoria para tratar de cosechar esperanza. Habitamos aquí, buscando justicia para 72 migrantes asesinados en México, para los cientos de migrantes guatemaltecos desaparecidos que el camino devoró. Habitamos nuestros cuerpos y nos convencemos de que toda persona desaparecida nos hace falta a todas y todos. Habitamos mientras gritamos: “Hijo, hija, escucha, tu madre está en la lucha”, “Hijo, hija, ¿dónde estás? Te queremos abrazar”. Habitamos aquí, reconociéndonos entre nosotras porque también nos resuenan las palabras de Ana María Rodas: 

“Hoy he descubierto la belleza

de ser yo misma”.