10 de mayo 2026, México
A quienes nos escuchan
A quienes están hoy con nosotras
A quienes nos faltan
Les decimos:
Hoy, como cada 10 de mayo, alzamos la voz y seguimos sosteniendo que, como madres, hoy no tenemos nada que celebrar en un país con más de 133 mil personas desaparecidas: nuestros hijos e hijas, esposos, esposas, padres, madres, hermanos, hermanas.
Desde 2012 hemos venido a la Ciudad de México, al centro del país, a decirle al gobierno y a la sociedad que aquí estamos, que somos nosotras, las madres, hermanas, hijas, esposas, las familias, quienes seguimos buscando a cada uno de nuestros seres queridos desaparecidos como lo hemos hecho siempre.
Quienes les buscamos en las fiscalías, en las cárceles, en los montes. Buscamos mientras el gobierno no busca. Buscamos mientras la sociedad hace como que no nos ve.Cada año nos reunimos familiares de todo el país para abrazarnos y para seguir exigiendo lo mínimo: que todo el mundo nos escuche, que se duelan por esta crisis de desaparición que no sólo es nuestra, sino que nos debería apachurrar el corazón a todas las personas.
Venimos desde Chihuahua, Coahuila, Jalisco, Sinaloa, Tamaulipas, Querétaro, del Estado de México y de esta ciudad que nos acoge… de rincones, ciudades, pueblos y comunidades de todo el país, incluso de Centroamérica, donde madres como nosotras buscan a sus hijos e hijas que emigraron hacia México en busca de un futuro y se toparon con la desaparición, el secuestro o la muerte.
Estamos aquí solo una parte, porque no todas las familias pueden viajar hasta el centro del país. Aun así, somos cientos de familias que cada año venimos a gritar que hemos aprendido a vivir con el dolor, con la incertidumbre y con un país que poco a poco nos ha ido dejando en el olvido. Hoy también alzamos la voz por ellas: por las madres hondureñas, salvadoreñas, guatemaltecas, cubanas, venezolanas, de todas las nacionalidades que desaparecen en México que buscan a sus hijos, hijas, en este suelo que les dio desaparición en lugar de protección.
Hemos aprendido a lidiar con la indiferencia y es con otras madres, otros familiares, que hemos seguido buscando, caminando, exigiendo.
Nuestras hermanas, madres, esposas, hijas de personas desaparecidas de los años setenta y ochenta caminaron estas mismas calles exigiendo la presentación con vida de cada persona desaparecida, pidiendo al pueblo que se uniera a ellas para alzar la voz como país, para que nadie más fuera víctima de desaparición forzada.
La impunidad permaneció y se instaló. La sociedad lo dejó pasar como si fueran desaparecidos solo “de sus familias”. Y eso nos trae a este presente con 133 mil personas desaparecidas, casi 80 mil cuerpos sin identificar en manos del Estado. En México nos hemos dolido de la desaparición forzada de personas desde hace casi seis décadas. Decenas de miles de personas han sido desaparecidas y la impunidad sigue siendo la regla.
Desde que las primeras personas fueron desaparecidas en México, han pasado 16 copas del mundo. Les hablamos hoy con palabras futboleras a ver si así nos ven, nos escuchan. Le meteremos todos los goles posibles a la impunidad. Seguiremos jugando todas las copas necesarias hasta el regreso a casa de las personas desaparecidas. No nos venceremos.
Nosotras les decimos: ahora que el mundial está en México, ahora que el mundo nos ve, vean nuestro dolor y reaccionen con nosotras. Sí nos importa el fútbol, pero más nos importan nuestros desaparecidos.
Ojalá las cientos de miles de personas que gritarán por los goles de la selección, gritaran también por Justicia y Verdad por nuestros desaparecidos. Ojalá que les doliera el hueco inmenso que hay en una sociedad con miles de niños, niñas, adolescentes, hombres y mujeres desaparecidos, tanto como les duele perder un partido de fútbol.
México está hoy en el ojo del mundo, pero no sólo por el mundial, sino también por la violencia, por la guerra no asumida, por la crisis de desapariciones. El Estado tiene la oportunidad histórica de reconocer esta crisis y empezar a trabajar realmente para acabar con ella; de aceptar que el tema se trate en la Asamblea General de la ONU para poder llegar a soluciones profundas y duraderas.
De cumplir con sus compromisos internacionales en términos de prevención, búsqueda, identificación e investigación. Sin embargo, el gobierno parece estar más interesado en dar buena apariencia, en bajar los números de los registros; en vez de encontrar a las personas desaparecidas y hacer todo lo que esté a su alcance para que nadie más sufra una desaparición.
En este presente adverso, con un Estado que niega la crisis y así nos niega a nosotras mismas, de nuevo estamos aquí para que se escuche el cansancio acumulado, el desgaste físico y emocional que vivimos. Porque mientras las autoridades dejan de hacer, o mientras solamente administran el problema sin miras a resolverlo, nosotras no hemos dejado de buscar. Hemos puesto nuestros cuerpos y nuestras vidas en esta lucha.
Muchas vidas, muchas madres, padres, esposxs, se han ido sin conocer el paradero de sus seres queridos.De 2010 al día de hoy, 43 personas buscadoras han sido asesinadas o desaparecidas por buscar a sus hijos e hijas, a sus hermanos y hermanas.
Estamos buscando a nuestros hijos en un país en el que el Estado no previene las desapariciones, no busca a quienes están desaparecidas, no hace labores de identificación de los cuerpos en su resguardo, y ni siquiera garantiza la vida de quienes buscamos.
Lo hemos dicho ya muchas veces: ¡buscar no debería costar la vida! Le recordamos a la Señora presidenta Claudia Sheinbaum que en una mañanera usted pidió que se le dijera presidenta, haciendo alusión a que “lo que no se nombra no existe”.
Hoy, usted se niega a nombrar y reconocer la cifra de personas desaparecidas en el país. Nada gana dejando de nombrar a los desaparecidos porque existen, y aquí estamos sus madres para recordárselo y decirle una vez más que atienda, que permita el apoyo internacional para detener esta barbarie porque tarde que temprano este delito les alcanzará.
Aún puede cambiar el rumbo de este país, aún puede pasar a la historia, aún puede entender el dolor que embarga al pueblo que gobierna, aún puede.Mientras los casos se enfrían, se relegan, desaparecen de nuevo, nuestro dolor sigue vivo.
Mientras ellos olvidan, nosotras recordamos.
Nuestros hijos e hijas no son expedientes.
No son cifras.
No son casos cerrados.
Son vidas.
Son amor.
Nos duele reconocer que sentimos que no se está haciendo nada. Nos duele que el tiempo pase y la justicia no llegue. Nos duele que la búsqueda recaiga casi por completo en nosotras.Seguimos aquí para exigir verdad, búsqueda efectiva y acciones reales. Para que dejen de ignorarnos. Para demandar al Estado que cumpla con su obligación: encontrar a nuestros seres queridos. Para que México deje de ser un cementerio para migrantes y un muro para sus familias.
Para que no sólo la pelota sino también nuestros hijos e hijas vuelvan a casa.
¡Justicia para todas las personas desaparecidas!¡Porque vivos se los llevaron, vivos les queremos!




